
"quise hoy, sin ir más lejos, comenzar mi epistolario. Pero no a los lectores borregos, herencia de la ingenuidad, sino a los sabios que no leen, al cumplidor paisano que redime sus culpas entre chácharas absurdas, las más, de copa, tapa y vino.
Quise hoy, decía, rendir homenaje a todos aquellos extraños que moriremos sin ver la mar, la del azul profundo de sus aguas, aunque acompañamos adolescencias con su aleteo.
Y el por qué no es obvio, sino sincero, no es absurdo, sino espontáneo. No quise ser sin serlo, el narrador de tu relato.
Buscábamos tú, o tu Platero, como algodón. Encontrando salvas justicieras, cuando existen los viscos que enlazan trasnochadas aptitudes.
¿Cómo encontrar el comienzo, cuando uno no ha empezado?
Y, en estas, fui. O fueron. O se organizaron los pasos guiados. Como una procesión. Ordenada. Perenne. Caduca en mis ojos. Sonrisa en tu luna, o en tu páramo. Poemas en el desierto, que busca el santa santorum de la brisa.
Somos un simple grano, que vuela desde el desierto vacío. Como un grano sucio volverá, pasando suave, desapercibido.
Si cae la noche, bajo el triste amparo de unas vacas rumiando en el verde prado, recordaré la palabra, que te ampare. Su vida, y la nuestra, es la de la imagen vacía, y la herencia, fortificada en genes desarbolados.
Aquí espera tu canción, y tu odisea"
.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/