Pensaba en Lynch mientras de tu garganta brotaban Terciopelos-ya-nada-Azules.
Ese silencio sordo que a veces se forja en los minutos finales de los Finales, nivelaba las puntas de mi flequillo.
Y un cierzo disparado a bocajarro alfombraba de erizos la cara interna de mis brazos.
Algo extrañé.
Nada de paños calientes,
ni confortables abrazos de saldo.
Suspender mi flaqueza en la envoltura opaca de un primer y triste cigarro.
Zaragoza, 28 de abril de 2008
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