
(Ana L.)
Por buscarle un nombre amable -pretensión eufemística de pseudopoeta- que matizara la insoportable gravedad de su ser y minimizase los efectos colaterales de su presencia -en mis privaciones etílicas- -en mi epidermis agujereada- la llamé: el dulce-correr-rojo Zaragoza, 20 de abril de 2008
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