Es humano, la duda, la que asalta, la que nos genera la inquietud del día a día. La duda del qué será, del qué fue, del qué hubiera sido. Somos carne con duda, que forma parte de nuestra alma consejera.
La duda que origina el vecino, el esposo, el novio, la familia, los compañeros de trabajo... Somos duda, luego existimos. Y siempre tomamos el camino de la duda, cuando desconocemos el futuro que nos aleja de los sueños.
Lo bueno de los sueños es que no son duda, son reales. Los generamos en nuestra cabecita de poetas, en el vértigo del qué queremos... Olvidar lo que quisimos también genera dudas. Porque lo que quisimos no es lo que somos, porque lo que somos quizás no sea lo que quisimos. Somos duda, y generadores de duda. Las personas somos psicólogos consejeros, generando dudas a nuestro alrededor. Somos inquietud, y cuando aconsejamos, desaconsejamos la libertad del aconsejado.
Las dudas, como el miedo, son algo irracionales, un boleto que cogemos de una gran bolsa.
A veces, me pregunto, si podríamos quemar la duda, anticipándonos a la miseria de la inercia. Pero seríamos superhombres, y somos sólo una lágrima en el mar de las dudas.
Pese a todo, lamentablemente, LA DUDA HA VENCIDO. Abajo los sueños y los soñadores¡¡¡ Nos han dicho. Y aquí quedamos, en nuestras noches dicharacheras, los soñadores, la vida, al fin y al cabo. Porque los soñadores, los sueños, somos la vida... y si que la vida es sueño y los sueños, sueños son¡¡
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