
Las elecciones y los partidos se han puesto en marcha. Siempre están. Entre elecciones municipales, europeas, las de la escalera y tararí que te vi, esto nunca para. La politización partidista, de la cual hemos hablado los jartillanos alguna vez en este blog, alcanza límites insospechados. La podredumbre moral de la ciudadanía se refleja en los partidos, y en sus formas de actuar y de vender lo de todos, lo público, a su interés y estrategias electorales.
Hacía años, dicen, que no estaban tan empatados los demócratas y los repúblicanos. Perdón, quiero decir el Psoe y el Pp. La globalización de la coca-cola ha debido de llegar también a las elecciones. En España, por lo visto, ya sólo existen dos partidos. Y parafraseando a Pablo Carbonell, en un reportaje que hizo hace años con CqC en Norteamérica, unos son de derechas y los otros, directamente, fachas.
Lo lamentable es que nacionalistas vascos y catalanes sacarán tajada de la no mayoría. Mientras otras comunidades, más históricas que ellas, esperarán su deuda histórica con representantes de medio pelo, marionetas que levantarán o no la mano según conveniencia de sus jefes. IU sufrirá de nuevo este sistema electoral, mientras otros lo aprovecharán. Es como en el fútbol, o como en cualquier otro aspecto de la vida. Si les beneficiase, ¿ustedes creen que iban a decir algo?.
Se echa de menos un mayor panorama político español. La dictadura del bipartidismo con sus medios de comunicación afines es bastante lamentable en ocasiones. Lo del voto útil cansa, aunque entendiendo útil como ellos lo entienden puede que tengan razón. Se hacen necesarios partidos nacionales que pudieran contrarrestarlo, aunque es difícil, hoy por hoy. Habrá que esperar, como todo en nuestras españas.
Pasen y vean. El circo está otra vez de nuevo con ustedes.
Y, sobre todo, antes de ir a votar, recuérdenlo. El político es un ciudadano más de esta nuestras españas. Es decir, blanqueará dinero donde pueda, defraudará a hacienda, especulará con los cuatro palmos de tierra que tenga, tendrá un difícil concepto de lo público... Recuerde, pues, e insisto, que como buen político, como buen español, LO PROMETIDO, ES DUDA.
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