
Hay veces que la lejanía se resume en pulsar un simple botón. Las lejanías son más grandes cuanto más incrédulos somos de nosotros mismos.
Las nuevas formas de conectarnos el uno al otro pueden resultar muy útiles, a la hora de conservar amistades, descubrir sentimientos, aprender nuevas situaciones de futuros extraños. Pero también pueden suponer una pesada lacra cuando todo falla.
Cuando todo falla la lejanía se hace patente, y uno quiere respirar el aliento del que siente lejos.
Cuando todo falla no sólo es un botón el culpable. La gente necesita gente, y la gente, se muestra andando, sintiendo, hablando y luchando...
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