Poco a poco serán más y más recuerdos, más y más líneas, más y más pensadores los que se acabarán uniendo a los Jartillanos.
Aquellos primeros pasos, en el rincón del teléfono de un bar indescifrable, ocupado por miles y miles de personajes que se rodean de un halo de misterio inconfesable. Aquellas primeras líneas buscando nuestro origen en lo popular y en lo culto, en lo directamente surreal. Aquellos primeros gritos, canciones y despropósitos rodeados de vino y güisqui añejo.
¿Quién iba a pensar que todavía estaríamos aquí los Jartillanos?. ¿Quién pensaba en que la escuela humanística y social iba a llegar a estas fechas?.
Algunos lo pensamos, y aquí seguimos. Porque no somos la Escuela de Frankfurt, ni Ortega y Gasset, ni siquiera somos catedráticos, ni universitarios (o si)... Somos gente, y hacemos gente porque vivimos con la gente.
Y a los grandes maestros de lo social, los que pijan tan alto que se mojan la cara, les decimos que están invitados a este ínfimo rincón del planeta. Que igual que ellos darían charlas aburridas de sus autores pedantes preferidos, les invitaríamos a asistir a la procesión más larga y entretenida, la procesión de los que viven sin preguntarse qué coño hacen aquí, mientras las miradas curiosas, desde el rincón, les observan con más ternura que indiferencia.
Porque, desde un pequeño lugar del mundo, también se puede ser infinito, como decía el poeta.
Salud, que no falte.
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