
Todo proceso creativo, literario o subliminalmente consciente de nuestras vidas, nos ayuda a mantenernos despiertos de las pesadillas que nos rodean. O, ¿quién sabe?, nos sumergen en la pesadilla de nuestra inconsciencia. Porque no todos son creadores, aunque todos tengamos la capacidad de crear.
El acto creador es brutal, degenerativo, sospechoso, violento... Mostrar lo intangible de nuestros versos, o las imágenes que creíamos reprimidas de nuestra ingrata naturalidad.
Y aún así sólo reinventándonos descubrimos que vamos más allá de la luz, de la consciencia, de la ciencia, del porvenir. Vamos más allá porque somos pequeños dioses que cumplen con su dificultoso Demiurgo personal. Pequeños reyes de nuestros sueños que deambulan por la pobreza de nuestra real personalidad.
Y si quieren que les diga la verdad, pese al dolor, sólo reinventando ponemos en jaque a nuestro destino, a nuestra implacable rutina de corderos quejicas que van en su rebaño de muertos vivientes.
Y, si quieren que les diga la verdad, todos somos gente que fallece tras olvidar el sueño. Pero resistir es crear, y en todos nuestros tristes momentos no hay ninguna luz que nos guie. Pues la luz es tu vecino, tu amor, tu amante, tu hermano... La luz del optimismo y la lucha son tus palabras escuchadas en el amargo momento de los encuentros.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/