
No hay nada como ver un programa de Punset, a las dos y pico de la mañana. Sin duda te descoloca, y más colocado.
Pero tiene su aquel, no me digan. Porque en sus diálogos con matemáticos, biólogos, filósofos, físicos, químicos... y gente de ciencia de todos los lugares del mundo, aprendes o te suenan cosas que todos deberíamos saber aunque fuera un poco. Porque la ciencia no debería de estar reñida con la poesía y el humanismo, aunque haya veces que...
Tengo un amigo un poco especial que le tiene una fe a Punset que raya en el forofismo. Y no me parece mal. Porque para seguir a un estirado músico sinvergüenza , a algún futbolista drogadicto, a un político gilipoyas, pues, qué quieren que les diga, Punset no está tan mal, ¿no?.
Pues eso, que mi amigo, científico que ejerce, tiene estas cosas de los forofos. Un día le dio por comprar esos libros en los que el sabio de Barcelona ilustra desde un punto de vista científico las cosas que nos pasan por la cabeza, por las tripas y por el corazón. En su libro de "El viaje al amor", así se nos muestra. Partiendo el amor en distintas experiencias científicas en donde intenta dar claves como sólo él sabe hacerlo.
En estas que, como nos hemos quedado mozos o, como diría mi amigo, "maduritos interesantes", pues lo leímos los dos.
Absorto me quedé unos minutos tras leer la última página del libro. Y quise entender todo, o no entender nada. Como una figura fantasmagórica recorría el espacio del salón hacia la terraza. Me senté en una silla de mimbre y cogí un caldero metálico. Me encendí un cigarro. Cogí la foto de mi ex-novia. Rocié con alcohol el caldero y le pegué fuego al libro de Punset. ¿La foto?. La foto la guardo en la memoria de mi corazón herido.
Y es que, a pesar de todo, uno tiene alma de poeta.
Qué cosas tienes, Punset.
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