ERNESTO JARTILLO... los cimientos grotescos

¿Nunca les ha ocurrido que, en una noche de tertulia, tras la nebulosa de un bar con ruidos, atracciones, impulsos, movimientos... les ha inquietado realmente qué sucedía a su alrededor?

Todos tenemos a un analista dentro. A un sociólogo en potencia. Lejos del hipócrita convencimiento de que se necesita un papel para convencernos de qué coño somos, somos capaces de asegurar que sólo observando, participando de tu sociedad y descubriendo cómo suceden las cosas, estamos investigando, aspirando a contribuir, al menos al estudio.

Así pues, todos somos, tu eres, yo soy... Ernesto Jartillo.
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Nació en Hornachos, provincia de Badajoz, a comienzos del siglo XX, viajó y trabajó por media Europa. Investigó y escribió en su cuaderno de azul cielo con su boli de algodón de azucar.

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LA PARTICIPACIÓN POLITIZADA (YA ESTÁ BIEN)

20070620191329-logosequal.jpg Me gustaría detenerme en hacer un repaso general de lo que, desde un punto de vista de sociología política, mejor dicho, de poder político (“para el caso”) , está ocurriendo en los últimos años, en la política municipal.
El poder, por pequeño que sea, por insípido y cutre, en un medio rural despoblado, siempre ha sido utilizado desde un punto de vista político, para, con una ambigüedad que raya el esperpento a cualquier ciudadano que haga una lectura meditada de su contexto, ser utilizada desde puntos de vista, muchas veces contrapuestos. O sea, que dicen una cosa, pero piensan otra e, incluso, rizando el rizo, hacen otra.
En el caso de las poblaciones de las comarcas de Aragón, bastaría por preguntar, lo curioso es que a nadie le haya dado por salir a la calle y hacer un estudio de los repartos de poder locales. Sería un estudio fácil y breve. En diez o doce personas se concentraría el poder de una comarca de siete u ocho mil habitantes.
La situación es más fácil de observar en las comarcas “ficticias”, sin base social ni por supuesto histórica. Se crearon a lo largo del proceso comarcalizador y no tienen ningún fundamento sociológico ni histórico. Son creaciones administrativas, puras y duras. No hay base social porque no se han trabajado las bases sociales. Y el descrédito por la institución es si cabe más fuerte que en otros reinos de taifas creados en el proceso.
Por todos es conocido que los ayuntamientos son las entidades administrativo-políticas más cercanas al ciudadano, y más en un ambiente rural despoblado como el aragonés. Hasta hace unos pocos años, la política municipal se resumía a unas siglas y poco más, aunque la postura sociológica de la población fuera de unas tendencias u otras.
Con la irrupción de las comarcas se está observando un deterioro en este aspecto apolítico de las poblaciones pequeñas. ¿Porqué?. Muy sencillo, por el sistema electoral elegido para la elección de consejeros comarcales.
El sistema elegido fue el mismo sistema indirecto utilizado para las diputaciones provinciales. Es decir, cualquier voto de cualquier candidatura presentada vale para sumar para la elección de consejeros, con lo cual, se han multiplicado las candidaturas, muchas veces con la única intención de sumar votos que pueden o no dar las mayorías o minorías bisagra de las comarcas.
A esto se le añade una estrategia política más directa en las bases, con la creación de comités comarcales y con la intromisión de directrices desde comités provinciales y regionales. El ejemplo de los “pactos globales”, “pactos territoriales”, etc… servirá, sin citar más, que también los hay.
Algunos plenos municipales de pueblos pequeños se convierten, así, en debates más parecidos al Congreso de los Diputados, lo cual aleja todavía más a la ciudadanía de los compromisos políticos y de gestión. ¿A quién le extraña?. Quizás es lo que algunos buscan, o quizás no.
El colmo de la situación lo podemos observar en una localidad como Castelnou, en la comarca del Bajo Martín. Con poco más de cien habitantes, Castelnou ha contado, en las últimas elecciones de Mayo de 2007, con seis candidaturas distintas, a saber: Ciudadanos Digitales de Castelnou, PAR, PSOE, PP, IU y CHA. Algunas de ellas de “cuneros”, es decir, gente que no es del pueblo y se presenta para rascar algún voto para los consejos comarcales y Diputaciones.
Esta politización se da también en otros foros de poder, que ya es triste. Y la gente, a pesar de lo que se pueda decir, se da más cuenta de lo que parece.
Un ejemplo en el que cada vez es más acusado son los Centros de Desarrollo Rural. Los Centros de Desarrollo Rural, unos 20 en todo Aragón, ocupan un espacio importante de representatividad, pues subvencionan y fomentan numerosas actuaciones a lo largo del año. Si bien su filosofía es participativa (no vamos a entrar en un análisis extenso, lo dejamos para otros estudios posteriores) y tienen que contar en sus Juntas y Asambleas con una mayoría de representantes del sector privado, la realidad es bien distinta. ¿Cómo se logra esto?. Muy sencillo: los representantes de sindicatos, de patronatos diversos, asociaciones culturales, etc… se suelen escoger previamente a las asambleas constituyentes dependiendo de los equilibrios de poder de las distintas fuerzas políticas. Así pues, aunque de puertas hacia fuera uno represente a un sindicato o a una asociación de mujeres, dicho representante coincide, y cada vez más, con algún familiar, militante e, incluso, concejal, de algún partido determinado.
La falsedad de los procesos participativos es similar a la falsedad del desarrollo sostenible. Todos hablan de él, pero pocos actúan con esas premisas filosóficas.
Una pena, ¿verdad?. Una pena penita pena convertida en falacia politicastra.

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