ERNESTO JARTILLO... los cimientos grotescos

¿Nunca les ha ocurrido que, en una noche de tertulia, tras la nebulosa de un bar con ruidos, atracciones, impulsos, movimientos... les ha inquietado realmente qué sucedía a su alrededor?

Todos tenemos a un analista dentro. A un sociólogo en potencia. Lejos del hipócrita convencimiento de que se necesita un papel para convencernos de qué coño somos, somos capaces de asegurar que sólo observando, participando de tu sociedad y descubriendo cómo suceden las cosas, estamos investigando, aspirando a contribuir, al menos al estudio.

Así pues, todos somos, tu eres, yo soy... Ernesto Jartillo.
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Nació en Hornachos, provincia de Badajoz, a comienzos del siglo XX, viajó y trabajó por media Europa. Investigó y escribió en su cuaderno de azul cielo con su boli de algodón de azucar.

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SOCIOLOGÍA GROTESCA

20070620190559-.4.jpgErnesto y nosotros sabemos más de lo que parece. Todo el mundo sabe mucho más de lo que parece. Y si sabe tanto, y no se entera, ¿qué queremos decir?. ¿Queremos decir que aquel que sabe pero no sabe que sabe es realmente un sabio en potencia?.

 

Nosotros, desde un punto de vista supuestamente experto observamos la inmediatez de la barra del bar con ojos avizores, con alcahuetería sincera, creyendo saber más que aquellos que se nos ponen delante.

 

Somos estúpidos "sabiondos", quizás, nos convertimos en esperpento experto de nuestra propia ciencia, la madre de todas las ciencias, la "curiosidad"

 

"la curiosidad, madre de la ciencia, engaña al curioso, y pone nervioso, al poderoso"- Rafael Rojo Libanés-

 

Ernesto nos habla como entre vasos.

 

"Seguid destruyendo muchachos". "La vida, como la tierra, como decía es poeta, es para el que la canta"

 

"Destruir y llegad al infierno de las palabras. Allí donde chocan y destrozan su cobertura de chocolate blanco".

 

"Provocad¡¡

Haced sin pensar mucho¡¡¡

Leed las líneas de los sueños de vuestras imágenes reflejadas en el careto del de enfrente"

 

Y es que también se aprende en la inmensidad del observado. Como el diálogo de la calabaza, en las películas de José Luis Cuerda. Como un diálogo que esconde algo que no acertamos a comprender. Así es la sabiduría de la gente.

 

Ver más en cincuenta metros cuadrados de un bar que en la Conchinchina o que en Estambul. Razas mil, trazas millón. La traza del observado. Buscar el observador insípido, a través de la fiesta y la diversión, lo que nos distingue a los hombres como hombres.

 

Despertar sentimientos a través de la locura transitoria, de la elevación proverbial de la charla y del constante caminar torcido.

 

Equivocarse es andar.

 

Y andamos por mundos grotescos. La tele miente, el camarero miente, el cliente miente, pero lo que a ellos les revienta es que nosotros, vosotros, todos, "creamos", pues no mentimos a nuestra mente inherente.

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