
El trance extático y la semana santa tamborinera..........Alcanzar lo surreal, porque la vida es sueño, intentando ser chamanes grotescos…
(Los chamanes ebrios) Dulcificada ambrosía de vino y rosas,de anís y clavel,de sangre y vida. El ruido no confunde al que profesa,la religión del tambor.El chaman de los batientes palillos,recorre la imagen de Dioscon su sexto sentido.
Según Fericgla, Trance Extático es una salida del ego fuera de sus límites ordinarios en virtud de nuestras pulsiones afectivas innatas y más profundas. Se trata de un estado extraordinario de consciencia despierta, determinado por el sentimiento y caracterizado por el arrobamiento interior y por la rotura parcial o total con el mundo exógeno, dirigiendo la consciencia despierta hacia las dimensiones subjetivas del mundo mental.
Cualquier tamborinero conoce en su subjetiva realidad chamánica de ruido y vino (léase marcha tamborinera) la percepción especial que se siente dentro de una procesión o en las rondas tamborineras. El estado de conciencia despierta del tamborinero se vierte en dimensiones subjetivas, buscando nuevas percepciones a través del rítmico toque, ayudado con ciertas dosis de elementos psicotrópicos (el alcohol, en la mayoría de los casos).
Nos guste o no (mal que les pese a los puristas), esto es, y será así. Contrariamente a lo que se puede interpretar generalmente en las Semana Santas Cristianas, las Semana Santas tamborineras son diferentes en su concepción Cristiana. El triunfo del culto pagano, chamánico-músical sobre el puritanismo sin más. Este triunfo se aprecia también como importantísimo enfoque que ha hecho que la Semana Santa del ruido se haya extendido más que cualquier otra manifestación “religiosa”. El tambor, el ritual del ruido-compás, tiene su propia “marcha”. En un mundo que busca nuevas percepciones, la Semana Santa tamborinera se ha convertido en una nueva cultura, en una marcha que se distancia del aburrimiento ortodoxo, si no, participen o disfruten de unas Jornadas Nacionales del Tambor y se darán más que cuenta de lo que les digo.
El tamborinero se convierte, instintivamente, y sin saberlo, en un chamán o místico que busca la divinidad o la magia y que, además, como chamán, la domina. Con el rito del tambor y toda su parafernalia, el chaman-tamborinero-cristiano se une místicamente con la divinidad o, al menos, consigue elevar su consciencia por encima de los sentidos habituales.
Hemos citado que el tamborinero-chamán controla su estado, controla su posesión mística de la realidad distorsionada con el ruido y el rito. Este control le lleva a manipular las imágenes más próximas, dominando el dolor que acarrea las interminables horas de toque y toque por calles, plazas... y bodegas.
El Trance extático se caracteriza pues por una aparente disminución de las facultades sensitivas y, sin embargo, esta merma produce un aumento de capacidades extrasensoriales, casi mágicas. No hay civilización que no indague en estos estados. La nuestra, como no podía ser de otra manera, interpreta su magia en el punto álgido del culto a Cristo, en la Muerte, Pasión y Resurrección de nuestro Dios.
La pregunta es, ¿por qué, si el ruido de las Tinieblas salió a la calle, lo hizo con el tambor y los palillos?. Creo que sólo la hipótesis Cristiano-pagana del ruido, la primavera y su resurgir y, sobre todo, lo instituyente que todos guardamos en nuestro interior para que explote durante dos o tres días al año, como un resquicio enérgico de la fiesta grotesca medieval, de la libertad que aporta sentirte libre en un espacio que es tuyo, del tambor, del tamborinero, de la fiesta.
Quizás la fiesta, por ser acto, no sea nunca capaz de explicarse en palabras, que son memoria.